Rayna la Princesa, la primera búlgara graduada en Obstetricia después de la Liberación

Rayna Popgueorguíeva, llamada por el pueblo búlgaro Rayna la Princesa, fue una de las figuras más emblemáticas del Levantamiento de Abril de 1876, episodio glorioso de la gesta de liberación de Bulgaria de la dominación turca que duró casi cinco siglos. Esa joven búlgara, maestra de profesión, que cosió y bordó a mano el estandarte de los insurrectos, símbolo del ideal nacional de libertad, permanecerá en la memoria histórica del pueblo también por la noble misión a la que se dedicó después de la Liberación. De su labor como la primera búlgara graduada de partera pronto informará su casa de Sofía, que será convertida en museo.

La casa está ubicada en un barrio donde antaño a los participantes en las luchas por la liberación nacional y las guerras posteriores les fueron proporcionadas pequeñas parcelas de tierra. Este barrio acopia la memoria de quienes en aquella época consiguieron preservar y levantar el espíritu de los búlgaros para luchar, dice Taña Dogánova–Jrístova, descendiente de Rayna la Princesa.

Rayna la Princesa se mudó a su casa de Sofía en 1898 después de sobrevivir a las torturas a que fue sometida en las cárceles osmanlíes y de completar Matronería en Moscú. Al poco tiempo enviudó quedándose sola con sus cinco hijos y una hija adoptiva.

Aunque padecía tuberculosis ósea en estado avanzado, cientos de niños vieron la luz por sus manos tanto en las misiones diplomáticas como en los barrios más humildes de la capital. También organizó las primeras escuelas de formación sanitaria, fundó uno de los mayores hospitales capitalinos (en la actualidad, un gran hospital universitario de Obstetricia y Ginecología), impartió cursos de partería.

Rayna la Princesa jamás cobró dinero a los pobres –prosigue Taña Dogánova–Jrístova– . Las personas mayores acreditan que en cada momento estaba lista para acudir en ayuda a una mujer en parto, con su bastón en la mano, caminando con dificultad con sus pies débiles cuando no podían ir a recogerla a lomo de un caballo o en una carreta. Trataba con la misma abnegación a los veteranos, que invitaba a su mesa ofreciéndoles una modesta comida consistente en una sopa de frijoles con cebolla.

Según Tódor Krastev, alcalde del actual municipio capitalino de Sárdica, la casa museo de Rayna la Princesa estará lista para abrir sus puertas en un año y medio gracias, también, a las numerosas donaciones.

En el primer piso planeamos dedicar un espacio a la vida y la obra de Rayna la Princesa y reunir en él los recuerdos, las fotos y los documentos proporcionados por sus descendientes, así como las historias contadas por ellos –explica Tódor Krastev– . La atención no se centrará en su actividad revolucionaria, sino en su trabajo pionero como obstetra en la nueva capital búlgara. Por sugerencia de los familiares de Rayna la Princesa, el segundo piso albergará un Museo de los voluntarios búlgaros de la Guerra Ruso–Turca (1877–1878), ya que el barrio fue habitado precisamente por voluntarios y otras personas que contribuyeron al movimiento de liberación nacional. Una vez que comiencen las obras de reconstrucción, se decidirá si el museo se convertirá en un lugar interactivo donde los niños conozcan los hechos con la ayuda de videos y multimedia.

Por su parte, Taña Dogánova–Jrístova espera que la rica exposición museística exhiba también el hermoso retrato de su ancestro femenino, que solía contemplar en su infancia.

La veo muy hermosa e inspirada –comenta– . Era una persona sabia y de armas tomar que amaba a todo ser humano, y esto se refleja en su rostro. También conozco un retrato muy grande de Rayna la Princesa, que he visto en la casa de su bisnieta. Cuando, de niña, observaba este rostro, sentía el inmenso amor por la gente que irradiaba su sabia mirada; era como si nos animara a poner manos a la obra y hacerlo todo en aras de nuestra patria.

Versión en española de Daniela Radíchkova
Fotos: Archivo y archivo personal

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